Guardan memoria.
Guardan las historias de quienes esperaban el paso del tren, de quienes alguna vez viajaron por esos rieles, de quienes vieron pasar formaciones cargadas de vida, de trabajo, de encuentros y despedidas.
También guardan la memoria de un Arequito diferente. Un pueblo en el que el ferrocarril formaba parte de la vida cotidiana y en el que el paso de un tren podía cambiar, aunque fuera por unos minutos, el ritmo de todo lo que lo rodeaba.
Quizás por eso, cuando uno mira estas vías, cuesta ver solamente unos viejos rieles.
Porque donde hoy hay silencio, alguna vez hubo movimiento.
Donde hoy hay pasto, alguna vez hubo pasos.
Y donde hoy las vías duermen, alguna vez vibraron bajo el peso de los trenes.
El tren se fue hace muchos años.
Pero su recuerdo quedó.
Quedó en las vías, en las historias de quienes lo conocieron y en la memoria de un pueblo que todavía puede mirar hacia atrás y escuchar, aunque sea con la imaginación, aquel sonido inconfundible que anunciaba que el tren estaba llegando.
Las vías están dormidas.
Pero la memoria sigue despierta.
Arequito Hoy — Historias que también forman parte de nuestro pueblo.